
El campo colombiano se encuentra en una encrucijada estratégica decisiva. Frente a la urgencia de elevar la oferta interna de alimentos, reducir la dependencia de insumos importados y responder a las exigencias de la variabilidad climática, la semilla legal y la biotecnología se consolidan como los verdaderos motores de la transformación productiva. Así lo sostuvo Leonardo Ariza, gerente general de la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas), durante su participación en el conversatorio de alto nivel “Retos del sector agropecuario para el próximo cuatrienio”, transmitido por El Espectador y BIBO Col.
Uno de los planteamientos centrales de Ariza Ramírez durante el debate fue romper el mito de que la alta tecnología agrícola está concebida exclusivamente para la gran escala. El dirigente gremial expuso con cifras contundentes cómo las herramientas de mejoramiento genético ya forman parte de la realidad cotidiana en las zonas rurales del país:
“Hoy más del 60% de los productores de maíz tecnificado en Colombia que siembran con biotecnología, son pequeños productores de menos de 20 hectáreas. Todo tipo de productor tiene hoy las posibilidades de utilizar las herramientas de innovación tecnológica, así como de vincularse a encadenamientos comerciales a través de la asociatividad.
Para el líder de Acosemillas, integrar al pequeño agricultor en circuitos formales de comercialización y dotarlo de material reproductivo certificado es la vía más efectiva para transformar unidades de subsistencia en unidades agrícolas altamente rentables y competitivas.
La lucha contra la ilegalidad
Durante el encuentro, se analizó el contraste entre el potencial agro productivo nacional y la balanza comercial del sector. Leonardo Ariza recordó que Colombia cuenta con cerca de 40 millones de hectáreas con vocación agrícola, de las cuales actualmente solo se explotan alrededor de 6 millones.
Esta baja producción del país se manifiesta en la importación anual de alrededor de 8 millones de toneladas de maíz y torta de soya para poder abastecer la industria de alimentos balanceados para garantizar el crecimiento de la proteína animal (huevos, pollo, cerdo, piscicultura, y otros) y la seguridad alimentaria. Frente a este panorama, el uso de insumos y semillas autorizadas de alta calidad técnica se vuelve impostergable.
“En el tema de genética quiero reforzar la importancia de las semillas: es fundamental sembrar semillas que tengan esa garantía que hoy tenemos en la tecnología, materiales que son resistentes a sequía y tolerantes a inundaciones. Eso hoy lo tenemos a través del mejoramiento vegetal a partir de semillas tradicionales y nativas criollas”.
Voces del panel: un diálogo transversal sobre el futuro del campo
El conversatorio contó con la intervención de líderes de la academia, centros de investigación y la gestión pública, quienes contrastaron visiones sobre la brecha social, la investigación aplicada y la transferencia de tecnología en el territorio nacional:
“El principal problema que tenemos es la brecha social. La política agropecuaria se ha movido entre favorecer a la gran agricultura y olvidarse de los campesinos, o concentrarse en los campesinos sin darles transferencia real de tecnología. Mientras no juntemos el capital y el conocimiento con la pequeña producción, no habrá inclusión real”, comentó Cecilia López Montaño, exministra de Agricultura y Medio Ambiente
Para Fredy Fernando Garcés, director de Cenicaña, hay necesidad de escuchar mejor a los productores. “Debemos bajar los egos que a veces no nos dejan escuchar con claridad y dar respuestas oportunas. Si combinamos la ciencia pública y privada con transferencia, extensión y medición de impacto, tenemos un juego ganador”, comentó Garcés.
Por su parte, Miguel Serrano, actual director de Agrosavia aseguró que “la entidad tiene una misionalidad comprometida con la transferencia tecnológica. El desafío es potenciar ese impacto aumentando significativamente la adopción de innovaciones en la pequeña producción, pero articulada a encadenamientos asociativos con la mediana y gran industria”.
Óscar Andrés Calderón, jefe técnico sectorial de la Federación Nacional de Departamentos FND insistió en que “es crucial traducir la información científica y climática en decisiones territoriales oportunas. Necesitamos articular los recursos del Sistema General de Regalías con las prioridades reales de las regiones y simplificar la gestión de proyectos agropecuarios”.
Hacia una política de Estado para el agro
Al cierre de la jornada, Ariza de Acosemillas insistió en que los retos de infraestructura, como distritos de riego, vías terciarias, secamiento y almacenamiento, sobrepasan la capacidad de la cartera agropecuaria y requieren una apuesta de costo país con la participación de varios de los ministerios del ejecutivo.
“Requerimos una apuesta país para salvar todo esto: bajar los costos de logística, transporte y almacenamiento. Si Colombia pudiera bajar esos costos y tener esa logística, podríamos triplicar en 4 años las exportaciones, pero ello exige una política agraria de mediano y largo plazo sustentada en la ciencia, seguridad física y la certidumbre jurídica”, puntualizó el líder del gremio semillista.
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